
Volver a las Fuentes de la Angustia que Habita el Silencio
Volver a las Fuentes: Corre en tu alba el eco de mis lágrimas, silenciosas y persistentes, como un río que ha olvidado el camino hacia el mar. Caen una tras otra sobre la tierra del recuerdo, llevando consigo el peso de palabras que jamás encontraron refugio y de emociones que el tiempo no consiguió desvanecer.
Cargo un costal de dudas sobre los hombros del alma, un equipaje hecho de preguntas sin respuesta y de pensamientos que regresan una y otra vez, como aves perdidas que no encuentran dónde descansar. Cada paso parece conducir al mismo lugar: ese rincón donde la angustia aprende a pronunciar nuestro nombre con una voz que nadie más escucha.
Dime tú, ¿en qué instante se extravió el rocío que alguna vez refrescó las noches? ¿En qué grieta del tiempo quedó atrapada la calma que solía vestir los amaneceres? Ahora solo permanece una humedad amarga que se desliza lentamente por las paredes del corazón, dejando cicatrices invisibles que el silencio se empeña en ocultar.
¿Dónde quedaron los antiguos gladiadores del otoño, aquellos que luchaban contra el viento sin renunciar a la esperanza? ¿En qué campo olvidado descansan las batallas libradas por cuerpos agotados de sostener el peso de sus propias heridas? Todo parece haberse detenido en un paisaje donde las hojas caen sin encontrar jamás el suelo.
Las horas avanzan con una lentitud insoportable. Cada minuto abre una nueva herida, y cada recuerdo se convierte en una sombra que acompaña mis pasos. La angustia no necesita levantar la voz; le basta con permanecer inmóvil para llenar de inquietud cada rincón del pensamiento.
Quisiera que la sencilla verdad de mis labios pudiera llegar intacta hasta el horizonte de los tuyos, sin romperse en el camino, sin perderse entre los laberintos del orgullo o del destino. Quisiera que las palabras conservaran la fuerza suficiente para atravesar el muro invisible que el tiempo ha levantado entre dos silencios.
Pero la tarde vuelve a vestirse de furia contenida. El cielo parece inclinarse sobre los días cansados, mientras la ira y la incertidumbre se confunden con el color apagado del horizonte. Todo anuncia un lento declive, una despedida que nadie pronuncia y que, sin embargo, puede sentirse en el aire.
Aun así, en medio de esta angustia que respira dentro del pecho, permanece un deseo obstinado: que la vida recuerde el camino de regreso. Que aquello que una vez estuvo unido no termine sepultado para siempre bajo el peso de la confusión, del miedo o de las decisiones que nacieron cuando el alma ya no encontraba claridad.
Porque hay silencios que separan más que la distancia, silencios que construyen muros invisibles y convierten la ausencia en una presencia constante. Y es precisamente allí donde la angustia encuentra su refugio, creciendo entre palabras que nunca llegaron a decirse y abrazos que quedaron suspendidos en el tiempo.
Si algún día las fuentes vuelven a brotar con la pureza de los primeros amaneceres, quizá también regresen las voces que el dolor hizo callar. Quizá el agua consiga borrar el polvo acumulado sobre los recuerdos y devuelva al corazón la posibilidad de respirar sin el peso de esta interminable incertidumbre.
Hasta entonces, seguiré caminando entre las ruinas de mis propios pensamientos, escuchando el murmullo de un silencio que no cesa y buscando, en lo más profundo de la memoria, el lugar donde la angustia comenzó a llamarme por mi nombre.:::